miércoles, 26 de agosto de 2026

LA VIDA QUE GIRA EN CICLOS

La vida no es una línea recta que avanza sin retorno; es un círculo que se repite, un río que vuelve a sus cauces, una melodía que regresa con otros acordes pero con la misma esencia. La historia humana es cíclica: cambia de protagonistas, de escenarios, de circunstancias, pero siempre nos recuerda que somos parte de un mismo tejido que se entrelaza en el tiempo.  

Cuando era niño, la mayoría de mis amigos eran colombianos. En mis pasantías, casi la mitad de los profesionales eran de Colombia, hombres y mujeres de excelencia, que me enseñaron con su disciplina y su talento. En mi barrio, después de la escuela, jugábamos pelota mezclados, sin fronteras ni etiquetas. Nunca escuché decir “Venezuela para los venezolanos”. Éramos simplemente venezolanos, hijos de un mismo padre: Simón Bolívar, quien soñó con una patria grande donde la libertad fuera el idioma común.  

Pero la rueda del destino giró. Así como millones de colombianos tuvieron que dejar su tierra en los años ochenta por la inseguridad, hoy más de 10 millones de venezolanos hemos repetido esa historia, aunque por causas distintas. Cerca de 2 millones vivimos en Colombia, y otros tantos se han esparcido por el mundo, llevando en el corazón la nostalgia de lo perdido y la esperanza de lo que aún puede nacer.  

Ahora amamos una patria que no es la nuestra, y en ese amor descubrimos que la verdadera nación no está en los límites de un mapa, sino en la fraternidad que compartimos. Somos parte de un mismo tejido humano, donde el dolor del exilio se convierte en puente y la memoria de Bolívar nos recuerda que la libertad no es solo independencia política, sino la capacidad de reconocernos hermanos más allá de las fronteras.  

La vida nos enseña que los pueblos se reflejan unos en otros: ayer fueron los colombianos quienes buscaron refugio en Venezuela, y hoy somos los venezolanos quienes encontramos cobijo en Colombia y en otras tierras. Este ciclo no es casualidad, es una lección de reciprocidad. Nos recuerda que la solidaridad que se siembra en un tiempo florece en otro, y que la historia no se repite para condenarnos, sino para mostrarnos que la unidad es más fuerte que cualquier frontera.  

EXHORTO ESPIRITUAL

Que cada venezolano en el mundo, al igual que cada colombiano que alguna vez migró, mantenga viva la llama de la fe y la dignidad. Que entendamos que la patria verdadera es la comunión, y que el ciclo de la historia no se repite para destruirnos, sino para enseñarnos que la fraternidad es el único suelo que nunca se pierde.  

Como dice la Escritura: “No tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13:14). Esa ciudad es la patria del espíritu, donde no hay extranjeros ni forasteros, sino hijos de un mismo Dios.  

PENSAMIENTO FINAL
"La patria verdadera no es la tierra que pisamos, sino el amor que compartimos; porque donde hay fraternidad, allí está la nación."  
 
El que no conoce la historia está dispuesto a repetirla.

Atletas de la palabra
Hno. Douglas G Guanipa

DG∴