1Corintios13:11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,
juzgaba como niño, más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
Todo cristiano debe tener una transición espiritual
que se le debe gestar a medida que crece en su fe, todos sabemos que hay una
etapa de nuestras vidas en donde nuestra visión es completamente corta (infantil) pero cuando el crecer llega, nuestras visión se amplia y con ello el hablar, el pensar y el juzgar a los
demás de forma madura.
En una oportunidad un padre llega a la delegación de
policía donde estaba su hijo detenido por haber chocado y herido con su moto a
unas personas que se encontraban en una parada de autobús, la gente asombrada
se preguntaba ¿y porque el padre pide perdón y no el hijo? En su conmoción el padre no sabía lo que le
había ocurrido ese día camino a la estación policial, recordó la crianza que le
había dado a su hijo y las huellas que generaron esa crianza. Y fue en ese
momento que se percató de la gravedad del asunto. Y aunque parecía que fuese
tarde, le pidió perdón. No le importó la gente que estaba allí observando
aquella escena. La situación ameritaba un nuevo comienzo, una nueva percepción
de la vida y nada perdería con intentarlo. Las personas que no admiten sus
errores, se quedan atrapados en el ¿Por qué no lo hice a tiempo? y el proceso
de crecimiento espiritual y personal se estanca. Solo aquellos que reconocen
sus faltas pueden experimentar nuevos senderos de cambio, nuevas oportunidades.
El rey David experimentó y analizó este hecho al escribir “¿Quién se da cuenta de sus
propios errores? ¡Perdona, Señor, mis faltas ocultas! Quítale el orgullo a tu
siervo; no permitas que el orgullo me domine. Así seré un hombre sin tacha;
estaré libre de gran pecado.” Salmo 19:12-13.
Esto no es nada nuevo, muchos padres han experimentado
esta experiencia, se trata de una realidad que nos ha acompañado a través de
los tiempos, personas que no reconocen que se han equivocado al dañar a otros
con sus actos y gestos al prójimo.
Pero podemos cambiar de personalidad, de actitud y en
nosotros esta hacerlo, muchas personas invocan a Dios y le piden que le cambie
sus actitudes, pero escrito esta “Quítense de vosotros toda amargura, enojo,
ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” Efesios 4:31. Esto quiere decir que somos nosotros los
que debemos cambiar y el primer paso es reconocer nuestros errores y faltas
y luego, pedirle a Dios que nos de la fuerza necesaria para avanzar hacia
ese cambio.
Dios tiene para cada uno de nosotros mucha “Gracia”
que nos ayudara a crecer espiritualmente en Cristo Jesús. Amen.
“Alcanzando la Madurez Espiritual”
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