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viernes, 25 de octubre de 2024

¿LE ESTAMOS ROBANDO A DIOS? PARTE 1

Malaquías 3:8 (RV-1960)

¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.

Numerosos predicadores, "pastores", maestros y líderes cristianos han empleado este versículo para enseñar que, si una persona no entrega su diezmo, está "robando" a Dios.

Si examinamos detenidamente toda la Biblia y evitamos sacar los versículos de contexto, se vuelve evidente que la ley del diezmo estaba destinada exclusivamente a Israel durante los tiempos en que los sacerdotes oficiaban en el templo. Solo los descendientes de Leví tenían derecho a recibirlo, y su propósito era mantener a los sacerdotes. Dios les había prohibido trabajar en otras ocupaciones (pueden consultar Números 18:20-32 para obtener más detalles).

Es fundamental comprender que el contexto histórico y cultural influye en la interpretación de las enseñanzas bíblicas. Por lo tanto, al considerar el diezmo en la actualidad, debemos reflexionar sobre su significado y aplicarlo con discernimiento.

En la Epístola a los Hebreos, se nos revela que el antiguo templo y su servicio eran símbolos de realidades espirituales más profundas. Sin embargo, con la resurrección de Jesús, se produjo un cambio significativo. Él ascendió al cielo mismo, que ahora es el verdadero "templo" donde la presencia divina reside. Como cristianos, ya no vivimos bajo la sombra de figuras y rituales, sino bajo el señorío de Cristo, quien actúa como el mediador entre Dios y nosotros (Hebreos 8:3-6; 9:9-14).

Este pasaje nos invita a comprender que nuestra relación con Dios no está limitada por las estructuras físicas o las prácticas ceremoniales del pasado. En Cristo, encontramos la plenitud y la verdadera comunión con el Creador. Su sacrificio perfecto trasciende cualquier sombra o figura, y nos permite acercarnos a Dios directamente, confiando en su gracia y amor incondicional. 

Es cierto que insistir en que el diezmo es obligatorio en la actualidad y que no darlo equivale a robar a Dios es un enfoque erróneo. Sin embargo, podemos extraer lecciones valiosas de estos versículos.

La Biblia nos invita a reflexionar sobre la generosidad, la obediencia y la devoción. Aunque el contexto específico del diezmo no se aplica directamente a los creyentes actuales, podemos aprender lo siguiente:

1. Generosidad: El principio de dar parte de nuestros recursos para apoyar la obra de Dios y ayudar a los necesitados sigue siendo relevante. La generosidad es una expresión de gratitud y confianza en Dios.

2. Conexión con el Sacerdocio de Cristo: Como mencionamos, Jesús es nuestro Sumo Sacerdote y mediador ante Dios. Su sacrificio perfecto nos libera de las restricciones legales y nos permite acercarnos a Dios directamente.

3. Motivación del Corazón: Más allá de las prácticas externas, Dios mira nuestros corazones. La actitud con la que damos es crucial. ¿Lo hacemos por deber o por amor y gratitud?

Aunque no estamos bajo la ley del diezmo, podemos aplicar principios más amplios de generosidad y devoción en nuestra relación con Dios y con los demás.

En el versículo 7 de Malaquías 3, Dios reprende a los israelitas por alejarse de sus mandamientos. El diezmo era solo uno de los problemas que enfrentaban; su distancia espiritual de Dios los había sumido en la pobreza y dificultades. Sin embargo, en medio de esta corrección, Dios les ofrece una promesa de restauración: Si se volvían a Él, experimentarían sus bendiciones renovadas.

Este pasaje nos recuerda la importancia de la obediencia y la cercanía con Dios. Aunque el contexto específico se refiere al antiguo Israel, la lección trasciende el tiempo y nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el Creador. Cuando nos volvemos a Dios con sinceridad y arrepentimiento, encontramos su gracia y provisión en nuestras vidas.

En aquel tiempo, el diezmo tenía una importancia crucial porque constituía el sustento vital para los sacerdotes. Estos hombres, a quienes Dios había prohibido dedicarse a otras ocupaciones, dependían exclusivamente de las ofrendas y los diezmos para su subsistencia. Si no recibían estas contribuciones, se encontraban en una situación precaria, sin medios para alimentarse o mantenerse.

En el versículo 10 de Malaquías 3, Dios insta al pueblo de Israel a cumplir con esta responsabilidad: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa”. Aquí, Dios no solo se preocupa por el bienestar material de los sacerdotes, sino también por el funcionamiento adecuado del templo y la comunidad en general.

Este pasaje nos recuerda la importancia de la generosidad, la obediencia y la confianza en Dios. Aunque el contexto histórico es específico para Israel, podemos extraer principios aplicables a nuestra vida actual. La devoción sincera y la fidelidad en nuestras ofrendas siguen siendo relevantes, y Dios promete bendiciones cuando cumplimos con un corazón agradecido. 

La palabra “robará” y “robado” provienen de la raíz hebrea “cabá”, que conlleva el significado de “vaciar, despojar, robar”. En el contexto bíblico, cuando Dios acusa a los israelitas de no entregar el diezmo, utiliza esta metáfora para transmitir una verdad espiritual profunda. El templo, que simbolizaba la presencia de Dios en la tierra, estaba vacío en más de un sentido. No solo carecía de las ofrendas y los diezmos necesarios para su funcionamiento, sino que también representaba una desconexión espiritual. Los sacerdotes, cuyo sustento dependía de estas contribuciones, estaban en una situación precaria. Dios, aunque Todopoderoso, elige obrar a través de personas. Nos ha creado como una gran familia, destinada a conectarse, relacionarse y edificarse mutuamente. Al abandonar a nuestros hermanos en Cristo y descuidar nuestro propio servicio, estamos, en cierto sentido, despojando a Dios. Le estamos privando de la capacidad de llevar a cabo la obra que desea realizar en el mundo, el llamado a la generosidad y la comunión no solo es una cuestión de recursos materiales, sino también de corazón y obediencia. Dios nos invita a participar activamente en su obra, confiando en que, a través de nuestra colaboración, su propósito se cumplirá.

1 Corintios 6:15-20 (RVA)

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con El. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

En un pasado no muy lejano, éramos esclavos del pecado, condenados a la muerte y la destrucción. Nuestra existencia carecía de esperanza, y el abismo del lago de fuego parecía inevitable. Sin embargo, en un acto de amor y gracia, Dios envió a Jesús como nuestro Salvador. Su sacrificio transformó nuestra realidad. Ahora, todo aquel que confía en El como Señor recibe la promesa de vida eterna en la era venidera.

Nuestra vida ya no nos pertenece exclusivamente; es un regalo divino. El “templo” que debemos cuidar y mantener no es un edificio de piedra, sino nuestro propio cuerpo y el Cuerpo de Cristo, la comunidad de creyentes. En esta nueva vida, somos llamados a honrar a Dios y servir a los demás, reconociendo que somos parte de algo más grande y eterno.

Aunque en la actualidad no estamos bajo la obligación de diezmar, y nadie está literalmente robando a Dios por no dar el diezmo, existe una perspectiva espiritual interesante. Podríamos decir que, de alguna manera, “despojamos” o “privamos” a Dios cuando entregamos nuestro cuerpo al pecado. Permíteme explicarlo:

Nuestra vida, en un sentido profundo, fue comprada por Dios. El sacrificio de Jesús en la cruz nos redimió y nos liberó del poder del pecado y la muerte. Por lo tanto, nuestra existencia ya no nos pertenece exclusivamente; es un regalo divino. Cuando cedemos a las tentaciones y permitimos que el pecado gobierne nuestras acciones, estamos utilizando aquello que Dios adquirió con su propio sacrificio. En lugar de vivir para el pecado, debemos considerar nuestra vida como un templo sagrado. No uno hecho de piedras, sino nuestro propio cuerpo. También somos parte del Cuerpo de Cristo, la comunidad de creyentes. Al cuidar y mantener este “templo”, honramos a Dios y reconocemos su obra en nosotros. Así que, aunque no sea un robo literal, nuestras decisiones sí tienen un impacto espiritual profundo.

Ningún pecado nos va a alejar del amor de Dios y hacer perder la vida en la era venidera, pero tengamos en cuenta que nuestra vida le costó un gran sufrimiento al Señor Jesús, así que, en lugar de “despojar” a Dios de Sus pertenencias (nuestras vidas), lo mejor que podemos hacer es honrarle, cuidando nuestros cuerpos y cuidando a nuestros hermanos, que son el Cuerpo de Cristo.

Como creyentes, tenemos una doble responsabilidad: cuidar de nuestros cuerpos y edificar el Cuerpo de Cristo. Permíteme desglosar estas dos áreas:

Cuidado de Nuestros Cuerpos:

1. Buena Alimentación: Nuestro cuerpo es un templo sagrado. Debemos nutrirlo adecuadamente con una dieta saludable. Alimentarnos bien no solo beneficia nuestra salud física, sino también nuestra mente y espíritu.

  • Ejercicio: Mantenernos activos y cuidar nuestra salud física es esencial. El ejercicio regular fortalece nuestro cuerpo y nos permite servir a Dios y a los demás con energía y vitalidad.
  • 3. Oración y Lectura de la Palabra: Alimentamos nuestro espíritu a través de la oración y la meditación en la Palabra de Dios. Estos hábitos nos conectan con nuestro Creador y nos guían en nuestro caminar diario.
2. Cuidado del Cuerpo de Cristo:
  • Servicio a Nuestros Hermanos: Como miembros del Cuerpo de Cristo, debemos buscar oportunidades para servir a nuestros hermanos. Si tienes tiempo libre, úsalo para edificar a otros. Un simple gesto de amor puede marcar la diferencia en la vida de alguien.
  • Generosidad: Si tienes recursos adicionales, compártelos. Si te sobra dinero, considera ayudar a la obra de Dios o a un hermano necesitado. Si posees conocimiento, compártelo para enriquecer a otros. 
Cada uno de nosotros tiene algo que Dios nos ha dado, y podemos usarlo para bendición de los demás. Al cuidar de nuestros cuerpos y edificar al Cuerpo de Cristo, cumplimos con nuestro propósito divino.

Dios quiere que todos sean salvos y vengan al conocimiento de Su verdad (1 Ti. 2:4) y quiere que los cristianos lleguemos a una unidad en la fe y el conocimiento del Señor Jesucristo (Ef. 4:13), así que, procuremos hacer todo lo que contribuya a esta obra de Dios y Dios nos proveerá de todo lo necesario en todas las cosas, abrirá Sus “ventanas” para proveernos de todo lo necesario.

2 Corintios 9:7-10 (RVA)
|7| Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación; porque Dios ama al dador alegre.
|8| Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra;
|9| como está escrito: Esparció; dio a los pobres. Su justicia permanece para siempre.
|10| El que da semilla al que siembra y pan para comer, proveerá y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia.

 Este pasaje de la Biblia, ofrece enseñanzas valiosas sobre la generosidad, la provisión divina y la justicia:
  • Generosidad Voluntaria (versículo 7):
  • Libre Propósito: Cada persona debe dar según lo que haya decidido en su corazón. No debe hacerlo por tristeza o por obligación, sino con alegría y voluntad.
  • Dios Ama al Dador Alegre: Dios valora la actitud de aquellos que dan con gozo y generosidad.
  • La Gracia Abundante de Dios (versículo 8)
  • Poder de Dios: Dios tiene el poder de hacer que su gracia abunde en nosotros. Esta gracia nos capacita para tener todo lo necesario en todas las circunstancias.
  • Abundancia para Toda Buena Obra: Cuando confiamos en Dios, no solo tenemos lo suficiente, sino que también estamos equipados para hacer buenas obras.
  • La Justicia de Dios (versículo 9):
  • Cita del Salmo 112:9: “Esparció; dio a los pobres”. Esta referencia subraya la justicia y la compasión de Dios hacia los necesitados.
  • Permanencia de la Justicia de Dios: La justicia divina es eterna y constante.
  • Multiplicación y Frutos de Justicia (versículo 10)
  • El Dador de Semilla y Pan: Dios provee tanto para el que siembra como para el que necesita alimento. Su provisión es abundante.
  • Multiplicación de la Semilla: Cuando damos, Dios multiplica nuestra semilla, y los frutos de nuestra justicia crecen.
Muchas bendiciones .

Ro 10:4: "porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree."
Ro 6:14 "Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia"
Gal 2:16 "sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado"

Próximo: ¿Se vende indulgencias en la iglesia evangélica Cristiana?

Colaboración especial:  Hno. Juan Carlos Acosta - Cabimas - Venezuela    
Admr. Hno. Douglas G. Guanipa.




"La Ira de Dios: Una Verdad Incómoda"

"Es innegable que el tema de la ira de Dios puede resultar incómodo para muchos cristianos. Sin embargo, desde las primeras páginas de la Biblia, se presenta a un Dios santo y justo que no tolera el pecado. En Romanos 1:18, se inicia un profundo desarrollo teológico sobre este tema, estableciendo un punto de partida sorprendente y a menudo pasado por alto: el Evangelio comienza con una afirmación sobre la ira de Dios, lo que nos invita a reflexionar sobre la relación entre la justicia divina y el amor redentor." Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; (Rom.18:1)

¿Por qué la ira de Dios?

Nuestra forma de abordar el evangelismo a menudo entra en conflicto con las técnicas que utilizamos. Mientras que la mayoría del evangelismo contemporáneo elude intencionalmente hablar sobre el juicio divino, nos enfocamos en temas atractivos como el amor, la felicidad, la vida abundante, el perdón, el gozo y la paz. Les ofrecemos a las personas estas promesas tentadoras y les preguntamos si desean experimentarlas, pero rara vez mencionamos la otra cara de la moneda: el juicio de Dios. Sin embargo, me pregunto: ¿Cuántas veces, al compartir el evangelio con alguien, has comenzado con una advertencia sobre la ira de Dios contra la impiedad y la rebelión contra Él? ¿No deberíamos presentar un mensaje más equilibrado que incluya tanto la misericordia como el juicio?

Comúnmente, tendemos a equiparar la ira de Dios con nuestra propia ira, contaminada por emociones negativas como la venganza o el resentimiento. Sin embargo, esta comparación es errónea y limita nuestra comprensión de la naturaleza divina. Despojar a la ira de Dios de su carácter emocional y efectivo es innecesario y debilita su concepto bíblico. Reducir la ira divina a un mero castigo por el pecado o una conexión entre el pecado y la miseria es equipararla con sus efectos, lo que en la práctica elimina la ira como una respuesta genuina dentro de la mente de Dios. En realidad, la ira de Dios es una santa repulsión de su ser contra todo lo que contradice su santidad (Murray), una respuesta profunda y emocional que refleja la intensidad de su oposición a la maldad y la injusticia. Al reconocer la ira de Dios como una emoción auténtica, podemos comprender mejor la gravedad del pecado y la magnitud del amor y la gracia de Dios al redimirnos de su ira justa, lo que nos permite apreciar la riqueza de su carácter y la profundidad de su amor redentor.

En Romanos 1:16, Pablo introduce el concepto de salvación, pero surge una pregunta fundamental: ¿de qué estamos siendo salvados? La respuesta es inequívoca: estamos siendo rescatados de la justa ira de Dios, que es la consecuencia inevitable de nuestro pecado. Si no existiera una ira divina a la que temer, la necesidad de un Salvador sería inexistente. Pablo nos recuerda que la salvación no es simplemente una mejora de nuestra condición, sino una liberación radical de la condenación eterna, una resolución definitiva al conflicto entre nuestra naturaleza pecaminosa y la santidad de Dios. Esta comprensión nos permite apreciar la magnitud del amor redentor de Dios y la profundidad de nuestra necesidad de salvación

La Necesidad Absoluta de la Salvación: La Justa Ira de Dios en Romanos 1:18 3:20

En la carta de Pablo a los Romanos, específicamente en la sección que abarca del 1:18 al 3:20, el apóstol presenta un argumento cuidadoso para demostrar la necesidad absoluta de las buenas nuevas de salvación. Lejos de ser una mera proclamación de la gracia de Dios, Pablo busca mostrar que la humanidad se encuentra en una situación desesperada, merecedora de la justa ira de Dios.
Pablo comienza afirmando que la ira de Dios se revela contra la impiedad y la injusticia de los seres humanos (Romanos 1:18). Esta ira no es una emoción caprichosa, sino un juicio justo contra aquellos que han rechazado a Dios y elegido seguir sus propios caminos. La humanidad, creada para reflejar la gloria de Dios, ha optado por idolatrías y perversiones, mereciendo así la ira divina.
A lo largo de este pasaje, Pablo demuestra que todos, judíos y gentiles por igual, están sometidos a la condenación. Nadie está exento de la ira de Dios, ya que todos han pecado y fallen a la gloria de Dios (Romanos 3:23). La ley, lejos de ser una solución, solo sirve para hacer conscientes a los seres humanos de su pecado y su necesidad de salvación. Ante este panorama desolador, Pablo presenta las buenas nuevas de la salvación como la única solución posible. La justicia de Dios, que se revela en la cruz de Cristo, es la respuesta a la ira de Dios. A través de la fe en Jesucristo, los seres humanos pueden escapar de la ira de Dios y recibir la gracia y la paz que solo Él puede ofrecer.

En nuestra ansiedad por ganar amigos y influir en los demás, a menudo pasamos por alto el punto de partida fundamental. Desde la perspectiva de Pablo, el temor es la primera presión que se debe aplicar a los corazones endurecidos. Es crucial hacer saber a los seres humanos la realidad de la ira de Dios,  a veces podemos pasar por alto un aspecto crucial: el temor reverente a Dios. Pablo, en sus epístolas, enfatiza repetidamente la importancia de este temor como un primer paso hacia la fe.

En los versículos 16 y 17, Pablo declara con valentía: 'No me avergüenzo del evangelio de Cristo'. Este evangelio, es el tema central de su carta. Pablo lo denomina tanto 'el evangelio de Dios', destacando su origen divino, como 'el evangelio de Cristo', subrayando que Cristo es su consumación. Es decir, el evangelio no es solo una buena noticia, sino la buena noticia acerca de Jesucristo. Y ¿por qué no se avergüenza de este mensaje? Porque el evangelio es el poder mismo de Dios para salvar a todo aquel que cree, tanto judíos como gentiles. En él, la justicia de Dios se revela de manera completa, una justicia que se recibe por la fe y no por obras, tal como lo afirma el Antiguo Testamento: 'El justo por la fe vivirá.
En la epístola a los romanos, Pablo presenta una tesis que se desarrollará a lo largo de la carta: la revelación de la justicia de Dios en el evangelio de Jesucristo. A partir del versículo 18, el apóstol comienza a desplegar con gran detalle la riqueza y profundidad de este tema, con el objetivo de ayudar al lector cristiano a comprender la plenitud del evangelio de Cristo. Y es aquí donde se encuentra la afirmación fundamental que da inicio a este desarrollo: "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo, contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen con injusticia la verdad" (Romanos 1:18). De esta manera, el mensaje del evangelio comienza con una afirmación sorprendente y provocativa: la ira de Dios es el punto de partida para entender la gracia y el amor de Dios. Esta afirmación nos invita a reflexionar sobre la seriedad del pecado y la justicia de Dios, y nos prepara para apreciar la magnitud de la salvación que se ofrece en Jesucristo.
La ira de Dios es un atributo divino que, a menudo, se malinterpreta. Es crucial comprender que la ira de Dios no contradice su amor, sino que lo complementa. Dios es a la vez amor y justicia. Su ira es una expresión de su santidad y de su deseo de preservar el orden moral del universo. Sin embargo, esta ira ha sido satisfecha en la cruz de Cristo, donde Dios demostró su amor infinito al tomar sobre sí el castigo que merecíamos. La idea de un Dios iracundo puede resultar desconcertante. Sin embargo, es importante entender que la ira de Dios no es una emoción arbitraria, sino una respuesta justa y santa al pecado. Al igual que un padre ama a sus hijos pero disciplina cuando es necesario, Dios ama a la humanidad pero debe juzgar el pecado. La ira de Dios no es un fin en sí misma, sino un medio para preservar la santidad y la justicia en el universo.

“Tú has amado la justicia, y aborrecido la iniquidad.” (Hebreos 1:9) A menudo se ha enfatizado la ira de Dios en la predicación del pasado. Himnos antiguos y salmos imprecatorios expresaban poderosamente la santidad de Dios y las consecuencias del pecado. Sin embargo, es importante comprender que Dios es mucho más que su ira. Él es también un Dios de amor, misericordia y compasión. La Biblia nos presenta un retrato complejo de Dios, donde su justicia y su amor se entrelazan.

"Es cierto que en la actualidad, la teología y la predicación tienden a enfatizar el amor y la gracia de Dios, a menudo pasando por alto aspectos más complejos de su carácter, como su santidad y justicia. Los himnos y sermones de antaño exploraban con mayor profundidad temas como el pecado y la ira de Dios, contrastándolos con su amor y misericordia, sin embargo, es importante reconocer que un entendimiento completo del amor de Dios requiere también una comprensión de su santidad y de su oposición al pecado. Al igual que un padre ama a sus hijos, pero disciplina cuando es necesario, Dios ama a la humanidad pero no puede tolerar el pecado. Cuando hablamos de la 'ira' de Dios, es esencial aclarar que no se trata de un sentimiento humano como el enojo o la venganza, sino de una manifestación de su santidad y justicia. Dios odia el pecado porque amenaza su perfecta naturaleza y el bienestar de su creación. Al comprender la profundidad de esta oposición al pecado, apreciamos aún más la magnitud de su amor al ofrecernos la salvación a través de Jesucristo, el amor y la justicia de Dios no son conceptos opuestos, sino dos caras de la misma moneda. Al reconocer la santidad de Dios y las consecuencias del pecado, podemos valorar más la gracia y la misericordia que se nos ofrecen en Cristo. Es en este contexto que el amor de Dios revela su verdadero significado.

A menudo, nuestra percepción de Dios está distorsionada, viéndolo como un Dios de odio y un Dios de ira. Sin embargo, las Escrituras presentan una imagen más compleja y matizada de la naturaleza divina. Quiero invitarlo a un breve recorrido por algunas escrituras que destacan la ira de Dios. Comencemos con el Salmo 2, versículo 1: "¿Por qué las naciones se enfurecen y las gentes imaginan una cosa vana? Los reyes de la tierra se levantan, y los gobernadores toman consejo juntos en contra de Jehová y en contra de su ungido, diciendo: Rompamos nuestras cadenas, y echemos sus cuerdas de nosotros". Este pasaje revela la oposición humana a la autoridad divina y la respuesta de Dios a esa rebelión. A lo largo de este viaje bíblico, descubriremos cómo la ira de Dios se despliega en respuesta a la desobediencia y la injusticia, y cómo esto se relaciona con su amor y misericordia.

En nuestro orgullo y rebeldía, nos atrevemos a desafiar la autoridad divina, como si pudiéramos librarnos de la presencia de Dios y eliminar su dominio sobre nuestras vidas. Pero, como dice el Salmo 2, Dios se ríe de nuestra insolencia y se burla de nuestros intentos de rebelión. Su respuesta es clara: "Les hablará en su ira, y los va a confrontar en su gran desagrado" (v. 5). Y en el versículo 12, se nos advierte: "Honrad al Hijo, no sea que se enoje y perezcáis en el camino, cuando su ira se encienda por un tiempo". La ira de Dios no es algo trivial; cuando se desata, la gente perece. El Salmo 76 nos ofrece otra ilustración poderosa del juicio de Dios. En el versículo 6, se describe cómo Dios derrotó al ejército egipcio, arrojándolos a un sueño profundo. La escena es impresionante: "Tú, inclusive tú, debes ser temido, ¿y quién podrá estar de pie ante ti cuando tú te has enojado? Tú causaste que el juicio fuera oído desde el cielo, la tierra temió y estuvo quieta cuando Dios se levantó al juicio". La ira de Dios es un recordatorio de su santidad y justicia, y debemos temerle y honrarle para evitar su juicio.

El Salmo 78 ofrece un rico panorama de la relación de Dios con su pueblo, incluyendo momentos de gran ira divina. El versículo 49, nos presenta una imagen poderosa de la ira de Dios desatada contra los enemigos de Israel. Al 'derramar sobre ellos la fuerza, el enojo de su ira', Dios demuestra su santidad y su determinación de proteger a su pueblo. Las plagas de Egipto, culminando con la muerte de los primogénitos, son una manifestación dramática de esta ira divina. Sin embargo, es crucial situar este evento en el contexto más amplio de la historia de la salvación. La ira de Dios, aunque terrible, es una respuesta a la opresión y a la injusticia. Al liberar a Israel de la esclavitud, Dios demuestra su fidelidad a su pacto y su compromiso con la justicia. Este episodio nos recuerda que la ira de Dios, aunque a veces misteriosa, siempre tiene un propósito: defender a su pueblo, castigar el pecado y preservar la santidad de su nombre. Al mismo tiempo, nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la ira humana y a buscar en Dios la sabiduría para responder a las injusticias que nos rodean.

El Salmo 90 y el libro de Isaías ofrecen una profunda reflexión sobre la ira de Dios. El Salmo 90:7 y 11 nos confrontan con la poderosa realidad de la ira de Dios. La vida humana, frágil y efímera, se consume ante la eternidad de Dios y se turba ante su ira. Este temor reverente no es un sentimiento negativo, sino un reconocimiento de la santidad y el poder de Dios. Isaías 9:19 nos ofrece una imagen aún más vívida de la ira divina, comparando el juicio de Dios con un fuego consumidor, A lo largo de la Biblia, la ira de Dios se revela como una respuesta a la desobediencia y al pecado. Sin embargo, esta ira no es arbitraria ni irracional. Es una manifestación de la justicia divina y un recordatorio de la santidad de Dios. Al mismo tiempo, la ira de Dios no es el último capítulo de la historia. La cruz de Cristo revela el amor infinito de Dios y su deseo de reconciliación con la humanidad. 

En Cristo, encontramos la esperanza de la redención y la promesa de una nueva creación.

Atletas de la palabra
Hno. Douglas G Guanipa.









martes, 23 de julio de 2024

"La patología de los falsos maestros"

Hoy viajaremos por 1 Timoteo 6: 3- 4-5

En el clímax de su carta a Timoteo, el apóstol Pablo aborda un tema crucial para la salud espiritual de la iglesia: la presencia de falsos maestros. Como un hábil médico espiritual, Pablo utiliza un lenguaje cargado de terminología médica para describir la naturaleza dañina de estas enseñanzas erróneas, comparándolas con una enfermedad que puede corromper la fe de los creyentes.

¿Te intriga conocer cómo Pablo describe a estos falsos maestros y qué podemos aprender de sus palabras?

Hoy nos adentramos en el fascinante tema de "La patología de los falsos maestros", utilizando una analogía médica para comprender mejor su naturaleza y peligrosidad.

Desentrañando la patología de los falsos maestros: Un análisis profundo en 1 Timoteo 6:3-5

El término patología se refiere al estudio de las enfermedades, sus causas, desarrollo y efectos. En este contexto, el apóstol Pablo utiliza una metáfora médica poderosa para describir a los falsos maestros y sus enseñanzas erróneas, comparándolos con una enfermedad que amenaza la salud espiritual de la iglesia.

¿Cómo se relaciona esto con los falsos maestros? 

Pablo, en este pasaje, nos presenta una radiografía precisa de estos individuos, exponiendo los elementos anormales que caracterizan su enseñanza.

¿Es la enseñanza falsa una enfermedad? 

Sí, así lo define Pablo. Es una enfermedad mortal que infecta la fe y corrompe la verdad. Y al igual que las enfermedades físicas, presenta una patología observable y síntomas que la delatan.

¿Dónde encontramos otras advertencias sobre los falsos maestros en esta epístola? 

Pablo ya nos había alertado sobre esta amenaza en el capítulo 1, versículos 3-7, 18-20, y en el capítulo 4:1-5. Y regresará al tema en el capítulo 6:20-216:20-21, para cerrar la epístola con un llamado a la vigilancia.

“La Patología de los Falsos Maestros”

En su discurso anterior y en los que seguirán, Pablo profundiza en la patología de los falsos maestros. Estos líderes espirituales desvían a las personas del estado espiritual saludable y los infectan con una enfermedad interna. Recientemente, nuestra sociedad ha tomado conciencia de la patología de una enfermedad específica: el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). A través de los medios, vemos las terribles consecuencias físicas y la trágica muerte que esta enfermedad puede causar. Sin embargo, su impacto no se limita al individuo; también puede afectar y devastar a toda una sociedad. El poder destructivo del SIDA es aterrador y mortal, y su capacidad para afectar a una población completa es innegable.

En la actualidad, estamos plenamente conscientes de la patología del SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). Esta enfermedad provoca desviaciones significativas de la condición normal en quienes la padecen, debilitando su sistema inmunológico y dejándolos vulnerables a otras enfermedades invasoras. El SIDA no solo afecta el cuerpo físico, sino también la vida emocional y social de quienes lo enfrentan. Es curioso que algunas personas minimicen la gravedad del SIDA. A pesar de los avances en la educación y la prevención, persisten mitos y desinformación. La propaganda, tanto a favor como en contra, ha contribuido a la confusión. Se nos insta a practicar el sexo seguro y evitar compartir agujas, pero, aun así, la enfermedad sigue siendo una amenaza real. Además, se lucha por proteger los derechos de los portadores de VIH. Las pruebas de SIDA se realizan de manera anónima, y los números reemplazan los nombres en los registros médicos. Sin embargo, la magnitud de la epidemia no puede ocultarse. Recientemente, se descubrió que el SIDA puede transmitirse incluso a través de un simple trasplante de piel, lo que subraya la necesidad de seguir investigando y educando sobre esta enfermedad. 

En medio de la avalancha de información y el pánico, algunos intentan minimizar la gravedad del SIDA. Pero, a pesar de todo, somos cada vez más conscientes de que vivimos al borde de un desastre. No solo tememos catástrofes nucleares, sino también los efectos de nuestros propios errores, manifestados en forma de enfermedad. La gente está asustada, quizás más que en cualquier otro momento de la historia. Desconocemos cómo se transmite esta enfermedad y qué consecuencias puede tener.

“La Gravedad de la Enseñanza Falsa”

Aunque el SIDA es una enfermedad mortal con un potencial destructivo, su alcance no se compara con la mortandad de la enseñanza falsa. El SIDA afecta los cuerpos físicos, pero la enseñanza falsa condena almas. He conocido a personas que murieron con SIDA, pero antes de su partida, entregaron sus vidas a Jesucristo. El SIDA afectó sus cuerpos, pero no sus almas.

La enseñanza falsa, en cambio, tiene consecuencias eternas. Destruye el alma y aleja a las personas de la verdad. A pesar de esto, parece que el mundo está más preocupado por detener el SIDA que por enfrentar la enseñanza falsa. En nombre del amor, a veces malentendido, se promueve la tolerancia hacia cualquier creencia. Sin embargo, si comprendiéramos las realidades de un infierno eterno sin Dios, nuestra preocupación sería aún mayor que ante cualquier amenaza física.

Para comprender la patología de la mortandad de la enseñanza falsa, examinemos los versículos 3 al 5. Pablo presenta características patológicas de los falsos maestros. Aunque estas características no son desconocidas, su recordatorio es valioso. Antes de adentrarnos en el texto, quiero enfatizar que una función esencial de los pastores y líderes espirituales es la advertencia. No basta con ser siempre positivo y ver el lado bueno de todo. Debemos alertar a las personas sobre la enseñanza falsa. Esta responsabilidad resuena en todo el Nuevo Testamento y también en el Antiguo Testamento. Dios sabe que su pueblo, si no está preparado, puede ser arrastrado por doctrinas erróneas. Algunas personas, sin haber abrazado la verdad, vivirán bajo la ilusión de haberla encontrado. Por lo tanto, recordemos la seriedad y la necesidad de advertir, tal como Pablo insta a Timoteo a hacerlo en la Iglesia en Éfeso, donde Timoteo está ministrando.

"En este pasaje, el uso del “si” en griego corresponde a un condicional de primera clase, lo que implica que asume la realidad. En otras palabras, “si es verdad” podría traducirse como “debido a”. La razón detrás de esto es que algunos están enseñando doctrinas erróneas. En el contexto de 1 Timoteo, sabemos que había hombres que se habían infiltrado en la iglesia y estaban enseñando fábulas absurdas, genealogías interminables y preguntas inútiles en lugar de edificar a los creyentes. Estos falsos maestros estaban naufragando en su fe y propagando enseñanzas demoníacas. Además, estaban mintiendo y enseñando prácticas contrarias a la verdad de Dios. La falsa enseñanza estaba presente.

Cuando el autor dice “Si alguno enseña otra cosa”, está señalando que esto está sucediendo. La construcción condicional de primera clase se aplica de manera genérica, abarcando toda enseñanza falsa, doctrina engañosa y agentes maliciosos que intentan infiltrarse en la Iglesia. Esto no solo se relaciona con la situación de Timoteo, sino también con los desafíos que enfrenta la Iglesia en cualquier época, incluyendo la actualidad."

"En el mundo antiguo, los falsos maestros eran abundantes. Desde el principio, cuando Satanás se rebeló contra Dios, se convirtió en el padre de la mentira (como se menciona en Juan 8:44). A lo largo de la historia, ha producido otros mentirosos para atacar la fe cristiana. Estos falsos maestros no siempre se oponían abiertamente a la Biblia; a menudo, operaban mediante sutiles distorsiones y errores. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, los maestros falsos han estado presentes. Siempre ha sido una lucha constante para el pueblo de Dios enfrentarse a las mentiras y los engaños. Cualquier iglesia, pastor o creyente que no esté consciente de esta realidad está ignorando un desafío fundamental. Nuestro Señor Jesús advirtió que vendrían falsos cristos y falsos maestros. La Escritura está llena de advertencias sobre este tema. Pablo, en particular, nos dice que debemos estar alerta: “Si alguien enseña algo diferente, esa es la señal. Así es como los identificarás”. Por lo tanto, la primera clave es prestar atención a lo que afirman. ¿Están diciendo algo que difiere de lo que sabemos que dice la Palabra de Dios?"

¿Cómo podemos discernir entre enseñanzas verdaderas y falsas hoy en día?

Discernir entre enseñanzas verdaderas y falsas es crucial para proteger nuestra fe y crecimiento espiritual. Aquí hay algunas maneras de estar preparados:

  • Estudia la Palabra de Dios: Sumérgete en las Escrituras para comprender la verdad y reconocer cualquier desvío.
  • Oración: Pide discernimiento al Espíritu Santo. Él nos guía hacia la verdad.
  • Conocimiento de la doctrina cristiana: Familiarízate con los fundamentos de la fe cristiana para identificar errores.
  • Busca consejo de líderes cristianos maduros: Aprende de aquellos con experiencia y sabiduría.
  • Evalúa las enseñanzas a la luz de la Biblia: Compara lo que escuchas con lo que dice la Palabra de Dios

El término “heteros didaskalia” se refiere a una enseñanza heterodoxa, es decir, algo que difiere de la enseñanza ortodoxa basada en las Escrituras. Los falsos maestros promueven ideas que no están en línea con la verdad revelada en la Palabra de Dios. Esto puede incluir herejías, visiones personales, revelaciones subjetivas o interpretaciones contrarias a las Escrituras. En resumen, cualquier enseñanza que se desvíe de la sana doctrina caracteriza a un falso maestro. Es importante que los creyentes estén alerta y fundamentados en la Biblia para discernir entre la verdad y el error. La negación de los atributos esenciales de Dios, como Su naturaleza trina, omnipotencia, soberanía y revelación, es una señal de enseñanza falsa. Estas herejías pueden ser espiritualmente dañinas y debilitar la fe. Como creyentes, debemos estar alerta y fundamentados en la Palabra de Dios para discernir entre la verdad y el error. Siempre es crucial buscar la verdad y rechazar cualquier enseñanza que se desvíe de ella. Enseñanzas que se oponen a la perfección sin pecado de Cristo, Su muerte expiatoria, resurrección, vida milagrosa, enseñanza perfecta y otros aspectos fundamentales de la fe pueden ser peligrosas. Cualquier desviación de la verdad bíblica debe ser identificada y corregida. La fidelidad a las Escrituras y la obra del Espíritu Santo son esenciales para discernir entre la verdad y el error.

"¿Qué nos enseña esto acerca de los falsos maestros?

Su característica distintiva es enseñar algo diferente a las Escrituras. Pero ¿Cómo podemos identificar a aquellos que están infectados por este virus espiritual y su peligrosa influencia? La respuesta es sencilla: al conocer las Escrituras. Cuando alguien está arraigado en la Palabra de Dios, puede discernir fácilmente las enseñanzas falsas. En términos de 1 Juan 2, aquellos que han internalizado la Palabra son espiritualmente fuertes y han vencido al Maligno. La verdad de Dios prevalece sobre cualquier engaño."

En Hechos 20:27-32, Pablo se despide de los ancianos de la iglesia de Éfeso y les recuerda su dedicación a enseñarles todo el consejo de Dios. Él enfatiza la importancia de la enseñanza continua y exhaustiva de la Palabra de Dios para proteger a la iglesia de falsos maestros y doctrinas erróneas. Pablo advierte que después de su partida, vendrán lobos rapaces y hombres perversos que intentarán desviar a los discípulos. Por eso, él los encomienda a la Palabra de la Gracia de Dios, que tiene el poder de edificarlos y darles una herencia entre todos los santificados.

Pablo dio varios consejos importantes a la iglesia de Éfeso, tanto en sus discursos como en sus cartas. Algunos de los consejos más destacados incluyen:

  1. Vigilancia y protección: Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso sobre la necesidad de estar vigilantes y proteger a la iglesia de falsos maestros y doctrinas erróneas. Les recordó que después de su partida, vendrían lobos rapaces y hombres perversos que intentarían desviar a los discípulos (Hechos 20:28-31)
  2. Unidad y amor: En su carta a los Efesios, Pablo enfatizó la importancia de la unidad y el amor entre los miembros de la iglesia. Les instó a mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz y a vivir en amor, siguiendo el ejemplo de Cristo (Efesios 4:1-3, 5:1-2)
  3. Pureza y santidad: Pablo también les exhortó a vivir vidas puras y santas, alejándose de la inmoralidad, la impureza y la codicia. Les recordó que eran hijos de la luz y debían vivir como tales, discerniendo lo que agrada al Señor (Efesios 5:3-10)
  4. Fortaleza espiritual: Pablo los animó a fortalecerse en el Señor y en el poder de su fuerza, poniéndose toda la armadura de Dios para poder resistir las asechanzas del diablo. Les recordó la importancia de la oración y la vigilancia constante (Efesios 6:10-18)
"¿Qué nos dice esto? Si los falsos maestros se caracterizan por enseñar algo diferente de las Escrituras, ¿Cómo podemos identificar a aquellos que están contaminados por el virus espiritual y la infección mortal? La respuesta es sencilla: al conocer las Escrituras. Si la falsa enseñanza se opone a lo que está escrito en las Escrituras, es fácilmente identificable por alguien que conoce su contenido. En términos de 1 Juan 2, aquellos que han internalizado la Palabra de Dios y son fuertes en ella han vencido al Maligno. Así, el Maligno que promueve enseñanzas falsas es derrotado por aquellos que se apoyan en la Palabra verdadera."

Si los falsos maestros se caracterizan por enseñar doctrinas contrarias a las Escrituras, ¿Cómo podemos discernir la verdad espiritual de la falsedad? La respuesta es simple: "Conocer a fondo las Escrituras".
“En Hechos 20:27, Pablo afirmó: ‘Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios’. Durante tres años, dedicó su tiempo, día y noche, a enseñar la Palabra. Visitaba casas, participaba en reuniones de la Iglesia y enseñaba incansablemente. Su objetivo era declarar todo el consejo de Dios. ¿Por qué? Porque sabía que después de su partida, surgirían lobos rapaces que intentarían desviar a los discípulos. Por eso, encomendó a los creyentes a la Palabra de Su Gracia, que tiene el poder de edificar y fortalecer.”
"La única manera de protegernos contra el error es conocer la verdad. Viene con lo que Pedro llama “herejías destructoras, condenadoras”. También se manifiesta a través de espíritus engañadores, a los que Juan hace referencia. Estos espíritus no deben ser creídos, ya que propagan mentiras hipócritas. Pablo también los menciona en esta misma epístola. Aquellos que reconocen estas falsedades son personas que conocen la Palabra de Dios.

Por lo tanto, la tarea primordial del pastor es alimentar a las ovejas para que aprendan a reconocer cuál es su dieta apropiada. Deben evitar consumir de los arbustos mortales y venenosos que crecen al lado de su pastura. En Efesios 4, Pablo explica que Dios ha dado a la Iglesia apóstoles, profetas, evangelistas y pastores maestros. Su propósito es perfeccionar a los santos para la obra del ministerio y la edificación del cuerpo de Cristo. Esto nos lleva a la unidad de la fe y a alcanzar la estatura de Cristo.

¿Por qué es esto crucial? Para que ya no seamos como niños fluctuantes, arrastrados por cualquier viento de doctrina o engañados por la astucia de hombres malintencionados. Debemos conocer la Palabra y ser instruidos por ella para identificar y discernir el error."
Otro versículo que ha resonado profundamente en mi a lo largo de los años es Efesios 6:17: ‘Y tomad la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios’. Este pasaje nos recuerda que como creyentes, debemos llevar la espada del Espíritu en todo momento para defendernos contra los ataques de Satanás. Pablo también enfatiza esto en 1 Timoteo 4:6, donde dice: ‘Si eres un buen ministro de Jesucristo, serás nutrido en las palabras de la fe y de la buena doctrina’. Además, en el versículo 16, nos insta a cuidarnos a nosotros mismos y a mantenernos firmes en la doctrina, ya que esto no solo nos protege a nosotros mismos, sino también a aquellos que nos escuchan.
Cuando conocemos y enseñamos buena doctrina, estamos protegidos del virus mortal del error. La verdad, como el único antibiótico protector, nos ayuda a discernir y resistir la enseñanza falsa. La Verdad de Dios es nuestra guía y fortaleza.
En su segunda epístola a Timoteo, Pablo reitera la importancia de retener la forma de las sanas palabras. El contenido doctrinal que Timoteo ha recibido debe ser guardado y transmitido fielmente. En el capítulo 2, Pablo insta a Timoteo a enseñar lo que ha oído de él ante otros testigos, para que a su vez puedan enseñar a otros. Este compromiso con la verdad es crucial. Pablo también exhorta a Timoteo a predicar la Palabra y a no caer en el error. Muchas personas desean que les rasquen los oídos con enseñanzas agradables, pero es fundamental mantenerse firme en la verdad.
Los falsos maestros, en primer lugar, se caracterizan por la herejía. Enseñan cosas diferentes a lo que dice la Palabra de Dios. A menudo añaden o distorsionan las Escrituras, presentando ideas que no están respaldadas por ellas. Pero no solo es lo que afirman, sino también lo que niegan. Si volvemos al versículo 3, vemos que no se conforman a las sanas palabras, las cuales provienen de Nuestro Señor Jesucristo y están en línea con la doctrina piadosa. Estos maestros no están dispuestos a aceptar las palabras saludables que provienen de Cristo. En su enseñanza, están en desacuerdo con las Escrituras. No se adhieren a las sanas Palabras. La palabra “higiene” en griego se traduce al español como “saludables”. Así que, en resumen, los falsos maestros rechazan las palabras beneficiosas que son las Palabras de Nuestro Señor Jesucristo.
“Cuando se menciona ‘las Palabras de Nuestro Señor Jesucristo’, en realidad, en la literatura griega, se dice ‘las de Nuestro Señor Jesucristo’. Esto significa que los falsos maestros no se comprometen con las palabras saludables que dan vida y que provienen de Nuestro Señor Jesucristo. Estas palabras beneficiosas no solo se refieren a las citas directas de Jesús en los Evangelios, sino a toda la revelación que Él nos ha dado como el Autor de las Escrituras. A través del Espíritu de Dios, inspiró a los escritores humanos. Las Palabras de Nuestro Señor Jesucristo abarcan toda la revelación, especialmente la del Nuevo Testamento. Para respaldar esta idea, recordemos que en Colosenses 3:16 se llama a las Escrituras ‘la Palabra de Cristo’; en 1 Tesalonicenses 1:8, ‘la Palabra de Nuestro Señor’; y en 2 Tesalonicenses 3:1, ‘la Palabra del Señor’. En resumen, las Escrituras son la Palabra del Señor, la Palabra de Cristo y la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo
El mensaje que Pablo está transmitiendo es claro. En primer lugar, los falsos maestros afirman cosas que difieren de las Escrituras. En segundo lugar, niegan aspectos de la Palabra de Dios. Estas señales nos ayudan a identificarlos. No aceptan ciertas enseñanzas bíblicas y, además, añaden o quitan elementos a la Palabra de Dios. Su enfoque no está en las Escrituras. Aunque pueden hablar de Jesús y de Dios, el corazón de su ministerio no se basa en la Palabra de Dios. Por lo tanto, debemos estar alerta ante estas distorsiones. Las Escrituras son el fundamento y la culminación de la revelación divina, y todo lo que debemos enseñar se encuentra contenido en sus páginas

Además, al final del versículo 3, Pablo no solo menciona que los falsos maestros no consienten las palabras saludables de Nuestro Señor Jesucristo, sino también que no aceptan la doctrina que está en línea con la piedad. ¿Qué significa esto? Básicamente, la prueba definitiva de cualquier enseñanza es si produce piedad. En otras palabras, la verdadera prueba de su validez es si conduce a una vida piadosa.
Los falsos maestros, al añadir o negar las Escrituras, pueden llevar a una vida carente de piedad. La verdadera prueba de la enseñanza es si produce una piedad consecuente. Cuando aplicamos la verdad de la Palabra de Dios, experimentamos una conducta espiritualmente saludable. Como bien mencionas, 1 Timoteo 4:7 nos insta a ejercitarnos en la piedad. Es un recordatorio importante para todos nosotros.
Ejercítate en la piedad. Ahora bien, el error nunca puede producir verdadera piedad. ¿Qué entendemos por piedad? Es vivir en reverencia y semejanza a Dios, ser como Cristo. La enseñanza falsa, la herejía o el error no pueden llevarnos a esa semejanza con Cristo. Solo la Verdad de Dios puede lograrlo; solo Su Palabra puede producir auténtica piedad. Vivir en santidad y reflejar a Dios es el fruto de la verdad.

Jesús advirtió sobre los falsos maestros en Mateo 7, comparándolos con lobos disfrazados de ovejas. Dijo: ‘Por sus frutos los conoceréis’. Observemos su vida y conducta. ¿Se entregan a la impiedad, como menciona Pedro en 2 Pedro 2? ¿Están atrapados en la lujuria y el orgullo? Si vemos preocupación por prestigio, poder y popularidad, o detectamos inmoralidad en su comportamiento, debemos estar alerta. ¿Predican el arrepentimiento, la santidad y la semejanza a Dios y a Cristo? ¿O promueven enseñanzas que se acomodan a la mente carnal y alimentan la naturaleza caída del hombre? Esa es la pregunta crucial.

Extraído del mensaje  "La patología de los falsos maestros" por el Pastor John F. MacArthur.
Atletas de La Palabra.
Adm. Hno. Douglas G. Guanipa.


domingo, 2 de junio de 2024

"EL AYUNO"


Un hermano me hizo una pregunta

¿Qué opinaba del ayuno? Mateo 6 aborda tres prácticas espirituales: la caridad, la oración y el ayuno, sugiriendo que el ayuno debería ser una actividad habitual, similar a las otras dos. En el contexto actual, el ayuno puede adaptarse a la vida moderna como una disciplina que fomenta una conexión más profunda con lo divino, ya sea renunciando a alimentos o a otras actividades significativas. Basándonos en esta ilustración... ¿Cómo deberíamos aplicar el ayuno hoy en día?

Creo que el ayuno es una parte muy importante en la experiencia cristiana. Leamos Mateo 6:16 -Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas-. Algunas cosas para decir sobre el ayuno. Primero que todo, el ayuno nunca se ordena. La oración sí. Orar sin cesar, orar en todo tiempo con toda oración y súplica, velad y orad, repetidamente somos llamados a orar. Somos mandados a orar. Nunca somos mandados a ayunar. De hecho, el ayuno está obviamente identificado con circunstancias únicas. Y la mejor manera de ilustrarlo es cuando los discípulos de Jesús fueron enfrentados por los líderes judíos, ellos le dijeron a Jesús.

¿Por qué no ayunan Tus discípulos?

“En la tradición judía, los devotos solían ayunar dos veces a la semana, una práctica no dictada por las Escrituras sino por costumbres establecidas. Como ejemplo, el publicano mencionado en Lucas 18:12 proclama su ayuno bisemanal, demostrando su adherencia a estas normas tradicionales más que a mandatos bíblicos. Este acto era considerado un símbolo de piedad. Por ello, cuando algunos judíos observaron que los discípulos de Jesús no seguían esta costumbre, le preguntaron la razón de esta omisión.” Mateo 9: 14.

“Es fascinante notar que, según Jesús, el ayuno no es apropiado en momentos de celebración, como cuando ‘el novio está presente’. En cambio, el ayuno se asocia con periodos de luto, tristeza, dolor, soledad y miedo, situaciones que no se presentan en la compañía de Cristo Mateo 9:15. Por lo tanto, según las enseñanzas de Jesús, el ayuno se reserva para momentos de profunda preocupación, tristeza y ansiedad. Es una práctica que acompaña a la oración intensa y se integra en tiempos dedicados a la reflexión espiritual. El momento adecuado para ayunar surge naturalmente cuando la oración se vuelve tan central en nuestras vidas que los deseos terrenales, incluso el hambre, se desvanecen ante la magnitud de nuestras inquietudes espirituales.”

“En esencia, el Nuevo Testamento nos enseña que el ayuno tiene su momento y lugar. No es adecuado en tiempos de júbilo y gratitud por la presencia y las bendiciones de Dios. Sin embargo, hay ocasiones en las que el ayuno es pertinente, especialmente durante periodos intensos de oración y cuando llevamos en el corazón preocupaciones profundas que requieren nuestra atención incesante.”

“El ayuno debe ir de la mano con la oración. Es importante destacar que no hay virtud inherente en el simple acto de abstenerse de comer sin un propósito espiritual. En realidad, deberíamos considerar el ayuno como una extensión de nuestra vida de oración, intensificando nuestras súplicas por asuntos que nos preocupan profundamente. Por lo tanto, la esencia del ayuno radica en su conexión con una oración ferviente y dedicada. 

Mateo 6:16-18: Una mirada profunda a la enseñanza de Jesús sobre el ayuno.

Más allá de la apariencia:
Las palabras de Jesús en Mateo 6:16-18 van más allá de la simple instrucción sobre el ayuno. Nos invitan a una profunda reflexión sobre la autenticidad de nuestras acciones y la búsqueda de la recompensa divina. 

Desenmascarando la hipocresía:

Jesús comienza advirtiendo sobre la hipocresía, esa falsa apariencia de piedad que busca reconocimiento y aprobación humana. Los fariseos, a quienes Jesús critica, practicaban un ayuno ostentoso, desfigurando sus rostros para mostrar su "sacrificio". Su motivación era la vanagloria, no la conexión genuina con Dios.

La recompensa verdadera:

En contraste, Jesús propone un ayuno auténtico, realizado en secreto y con el corazón puesto en Dios. No se trata de exhibir actos de piedad, sino de cultivar una relación íntima con el Padre celestial. La recompensa de este ayuno sincero no reside en la aclamación humana, sino en la bendición divina, que se manifestará en el momento oportuno.

Claves para un ayuno auténtico:
Actitud humilde: Evitar la ostentación y la búsqueda de reconocimiento.
Conexión con Dios: Enfocar el ayuno en fortalecer la relación con el Padre.
Sinceridad interior: Realizar el ayuno con un corazón genuino y puro.
Confianza en la recompensa divina: Buscar la bendición de Dios, no la aprobación humana.
Más allá del ayuno:
Mateo 6:16-18: Una mirada profunda a la enseñanza de Jesús sobre el ayuno
Más allá de la apariencia:

Las palabras de Jesús en Mateo 6:16-18 van más allá de la simple instrucción sobre el ayuno. Nos invitan a una profunda reflexión sobre la autenticidad de nuestras acciones y la búsqueda de la recompensa divina.

Que este mensaje nos inspire a cultivar un ayuno auténtico, libre de hipocresía y enfocado en fortalecer nuestra relación con Dios. Que nuestras acciones reflejen una fe genuina y que busquemos siempre la recompensa celestial que supera cualquier reconocimiento terrenal.

"Padre te damos gracias por esta palabra, Ayúdanos a conocer esa experiencia. Estar tan consumidos con esas cosas que están tan lejanas de nuestras mentes. Ayúdanos a ser llamados a tal grado a Tu presencia que todo lo demás se desvanece fuera de la concentración en Tú Palabra, en Ti. Gracias Señor por hablarnos hoy y Te alabamos por la claridad de Tu Palabra. Ayúdanos a ser obedientes a ella, en el nombre de Cristo. Amén".

Atletas de la Palabra.
Hno. Douglas Guanipa

martes, 3 de octubre de 2023

La Gracia de Dios

Desde el principio de los tiempos la gracia ha sido un tema constante, pero antes debemos saber que la gracia es un regalo de Dios para todo aquel que cree en Jesucristo. Por lo tanto, al igual que la Fe, solo mediante ella seremos salvos. "Pues la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo" (Juan 1:17). La palabra traducida como"gracia" en el Nuevo Testamento proviene de la palabra griega «Charis», que significa "favor o bondad"en especial si esta ha sido ganada sin merecerla. Otra forma de describir «La Gracia», es que Dios escoge bendecirnos en lugar de maldecirnos, mediante la fe en el sacrificio de Cristo en la Cruz.

Todos podemos extender la gracia a los demás, pero cuando la palabra gracia se usa en relación a Dios adquiere otro significado diferente, es decir, que la gracia es que Dios nos escoge para bendecirnos en lugar de maldecirnos, a pesar de que nuestro pecado lo merece. Esta es su bondad para con nosotros.

El primer ejemplo de gracia lo encontramos en el Antigua Testamento Génesis 3:21 "Dios el SEÑOR hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió". Él podría haberlos matado en ese momento por su desobediencia, pero en lugar de destruirlos, Dios escogió establecer un camino para que ellos estuvieran bien con Él. Este modelo de gracia continuó por todo el Antiguo Testamento. 

Otro ejemplo de gracia lo podemos ver en Oseas 14:4…"Yo corregiré su rebeldía y los amaré de pura gracia, porque mi ira contra ellos se ha calmado" El profeta Oseas presenta su última exhortación a su pueblo para que abandonen su iniquidad y se vuelvan a Dios y ellos hacen un voto con relación a tres pecados: Osea 5:13; Osea 7:11 Haber esperado ayuda de asiria, haber confiado en los caballos y carros de Egipto y Osea 13:3 haber persistido en el pecado de idolatría, Dios responde a sus oraciones de arrepentimiento y le extiende su gracia.

Tambien Dios instituyó sacrificios de sangre como una forma para expiar los pecados del hombre, pero no fue la sangre de estos sacrificios que limpió estos pecados; fue la gracia de Dios que limpio a aquellos que confiaron en Él (Hebreos 10:4; Génesis 15:6). Dios escogió establecer un camino para que ellos estuvieran bien con Él, siendo esto la sombra del sacrificio de Jesús en la Cruz por nuestros pecados y la máxima revelación de la Gracia Divina (Jn 1:14, 17).

"La Gracia de Dios no tiene límites y concede salvación para todos los que se acercan a Dios por medio de Jesucristo"

"Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios"( Efe 2:8)

¿Cuál es la Diferencia entre la Ley y la Gracia? La diferencia más relevante entre la Ley y la Gracia, es que La Ley era por obras, mientras la Gracia es por fe. Durante los tiempos de la Ley, el Pueblo de Israel estaba obligado a guardar toda la Ley que Dios dio a Moisés, más con la venida de Jesucristo, Dios extendió su gracia para todo aquel que creyera en aquel a quien había enviado como propiciación por nuestros pecados.

Colaboracion especial:  Pr. Marcelg Jimenez - Iglesia Ancla de Vida Cabudare - Venezuela    Adm. Hno. Douglas G. Guanipa                                                                                                     

domingo, 1 de octubre de 2023

AMOR.

                                                                                

Solo los que son humildes pueden mostrar amor. No me estoy refiriendo a esa clase de amor mundano que es una falsificación y está enfocado en objetos. Esa es la razón por la que muchos matrimonios no perduran. El amor mundano es solo una emoción y cuando la emoción desaparece la relación también desaparece. Esa clase de amor solo busca recibir y no dar.

El amor bíblico no es eso. No es una emoción; es un acto de servicio y sacrificio. No es una actitud; es una acción. El amor siempre hace algo. Cada palabra que se emplea en 1 Corintios 13:4-7 para describir que el amor es un verbo nos enseña que el amor es un acto de servicio que fluye de un corazón de humilde.

El amor bíblico satisface las necesidades de las personas. Jesús dice en Lucas 10:27: “Amarás… a tu prójimo como a ti mismo”. Un doctor de la ley (fariseo ) respondió: “¿Y quién es mi prójimo?” (v. 29). Jesús respondió con la parábola del buen samaritano (vv. 30-35). El samaritano iba pasando a lo largo de un camino, y se encontró de pronto con un hombre al que habían golpeado y robado. Él ayudó a aquel hombre y le atendió en sus necesidades. ¿Quién es su prójimo? Todo aquel que tenga una necesidad que usted puede satisfacer. ¿A quién tienen que amar? A todo aquel que tenga una necesidad. ¿Cómo tiene que amarle? Atendiendo a sus necesidades, aun cuando no se sienta emocionalmente vinculado o atraído hacia esa persona.

Una ilustración clásica de la humildad del amor, la encontramos en Juan 13. Jesús y sus discípulos iban a cenar juntos. Los discípulos estaban discutiendo acerca de cuál de ellos era el mayor (Lc. 22:24). En aquellos días, las personas comían en una posición reclinada, lo que quiere decir que la cabeza de una persona solía estar a unos veinte centímetros de los pies del otro comensal. Era una cortesía común lavar los pies de los participantes antes de disponerse a comer. Pero no había ningún criado disponible para lavar los pies de los discípulos. Y ninguno de los discípulos estaba dispuesto a prestar ese servicio porque habían estado discutiendo quién de ellos era el más importante. De modo que Jesús se quitó su túnica, se puso una toalla alrededor de la cintura y les lavó los pies (Jn. 13:4-5). Les dio una lección inolvidable. Cuando terminó, les dijo: “Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (v. 15). En efecto, les estaba diciendo: “Como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (v. 34). ¿Cómo demostró Él su amor por ellos? No por una vinculación emocional. Probablemente, lo único que sentía en ese momento era disgusto debido al egoísmo y el orgullo de los discípulos. Les mostró su amor atendiendo a sus necesidades. De la misma manera, nosotros estamos llamados a satisfacer las necesidades de otros.

Debiéramos satisfacer las necesidades de otras personas espontánea y voluntariamente. Nuestro amor debiera ser el reflejo de un corazón humilde. Esa clase de corazón siempre se expresa a sí mismo. Recibí una carta que ilustra ese espontáneo amor, que se sacrifica; dice lo siguiente:

Hace algún tiempo mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de visitar a la iglesia Grace Community. Las personas son estupendas. Nos trataron muy bien, un caballero me mostró los edificios durante el descanso entre el primer y segundo culto, hablé con otro hombre por un momento, me preguntó si me gustaría tener un casete del próximo culto. Inmediatamente dije que sí, unas pocas semanas después, recibí no solo el casete, sino toda la serie sobre la enseñanza de Jesús sobre el divorcio. Muchos de mis amigos han escuchado esos mensajes y han recibido respuesta a muchas de sus preguntas. Quiero que sepa cuán maravillosa es su congregación.

¿No es eso maravilloso? Conozco a las personas a las que se refiere esta persona. El hombre que le mostró los edificios no tenía en realidad tiempo para hacerlo debido a sus muchas responsabilidades. El que le envío los mensajes no disponía del dinero para hacerlo, pero así es como funciona el amor. El amor fluye de un corazón humilde. El amor busca el consuelo y el gozo de otros.

Extraído del libro, “El corazón de la Biblia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Adm. Hno. Douglas G. Guanipa.



lunes, 29 de mayo de 2023

¿QUIÉN ES DIOS? ¿LE CONOCEMOS, LE ENTENDEMOS?


El fundamento de todo conocimiento de Dios debe ser una clara comprensión de Su perfección. Esto significa que un dios desconocido no puede ser adorado, servido o alabado. 

¿Cuáles son tus logros?¿tu educación? ¿Tu familia? Pero lo más importante es lo que piensas de Dios. Lo que importa no es lo que puedas decir o hacer en un momento determinado, sino lo que piensas, ¿por qué? Porque lo que pensamos de Dios determina todo lo que podemos llegar a ser. Hay una ley espiritual que dice, que tendemos a seguir la imagen de Dios en nuestras mentes y convertirnos en lo que imaginamos que Dios es. Si el Dios en nuestros corazones no tiene estándares, nosotros no tendremos estándares, y si el Dios en nuestros corazones no tienen absolutos, no tendremos absolutos. Si Dios es cruel y malvado, seremos crueles y malvados. Cuando nuestros pensamientos acerca de Dios son puros y santos, nos volvemos puros y santos. Si nuestro Dios es amoroso y bondadoso, nosotros también seremos amorosos y bondadosos. Si nuestro Dios es verdadero y eterno, viviremos para siempre. Si nuestro Dios es falso y temporal, entonces nosotros somos temporales y moriremos eternamente.

Creo que todos los problemas que tenemos son teológicos. Todos los que tienen una creencia correcta de lo que Dios es tendrán menos problemas que aquellos cuya creencia en Dios contradice su verdadera naturaleza. En otras palabras, aquellos que tienen una creencia correcta acerca de lo que es Dios, pero que malinterpretan a Dios, tendrán más problemas. Es difícil que haya errores doctrinales y fallas éticas que no puedan traducirse en ideas imperfectas y sin valor acerca de Dios. 

Si la idea de Dios es incorrecta o inapropiada, es imposible que una persona se adhiera a prácticas morales sólidas y valores y actitudes correctas.

La mayoría de la culpa y la decadencia la tienen las Iglesias, ellas han ido perdiendo el concepto de la verdadera santidad y majestad de Dios. En ellas han presentado a Dios como un amigo que no juzga, como un terapeuta. Sin embargo, Dios no es así. El pecado más grande que siempre ha existido y que hoy nos aleja más de Dios es la idolatría.

La idolatría no se trata solo de arrodillarse ante estatuas o adorar objetos visibles. La esencia de la idolatría es el mantener pensamientos acerca de Dios que son indignos de Él. La mente idólatra cree que Dios no es lo que realmente es, reemplaza al Dios verdadero con un Dios de acuerdo a su necesidad. Un Dios creado en la imaginación de la mente que puede ser digno, puro, cruel o bondadoso, según el estado moral de la mente del cual emerge. Mira lo que dice Dios: "Pensaste que era como tú". Salmo 50:21 Un Dios creado en la oscuridad del corazón humano no es comparable al Dios verdadero.

La idolatría comienza en la mente humana. La mente humana está inclinada al pecado de la idolatría, y es un terrible error pensar que el hombre civilizado está libre del pecado de la idolatría. Pablo nos enseña que, al inicio de la historia humana, aunque la humanidad conoció a Dios, no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias; sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. (Rom. 1:21-23) Luego los hombres continuaron con sus actos horribles, impíos, inmorales, malvados y autodestructivos. Esta serie de eventos humillantes comenzó en la mente de aquellos que tenían conceptos erróneos acerca de Dios. La falta de respeto a Dios como Dios y la incomprensión a Dios son las fuentes de las que fluyen las aguas contaminadas de la idolatría y finalmente caen en el pozo del comportamiento autodestructivo del hombre.

La verdad es que casi todo lo que está mal en nuestra sociedad se debe al hecho de que como nación hemos estado perdiendo el conocimiento de Dios. Tal cual como se lo hace saber Oseas al pueblo de Israel. “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Más bien, “conocimiento “de Dios” Por cuanto desechaste el conocimiento,” El pueblo de Israel fue destruido no sólo por falta de conocimiento, sino porque rechazaron el conocimiento. Hoy sucede lo mismo.

Esta disminución de nuestro conocimiento de Dios trae consigo casi todos nuestros problemas. Redescubrir la majestad de Dios contribuirá en gran medida a sanarlos. El principal deber de nuestras iglesias es purificar el concepto de Dios hasta que sea digno nuevamente. Si podemos devolver el verdadero poder espiritual a nuestras vidas y sanar a nuestras naciones, entonces pensaremos en Dios como Dios en lugar de como pensamos que es Él ahora.

“Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote; como has olvidado la ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos”. Oseas 4:6.

Adm. Hno. Douglas G. Guanipa.

Salvos por la gracia de Dios


La fuente, la base, de la salvación es Dios, no los hombres. Dios provee la salvación, cosa que el hombre no puede hacer, porque no puede proveerse un salvador (no puede morir por sus propios pecados). Ninguna filosofía, ningún código de preceptos morales, ninguna ley humana puede efectuar nuestra salvación. Aun la ley de Moisés, aunque era de Dios, no podía salvar al hombre, porque "la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados"(Heb.10:4) "Porque la ley... nunca puede... hacer perfectos a los que se acercan" estos versículos aclaran la obra de salvación. Todo es por obra de Dios, no nuestra. Somos salvos por la gracia de Dios por medio de la fe, todo, todo es don de Dios.

"La gracia de Dios, revelada en el evangelio de Jesús, es la única esperanza del hombre" 

No somos salvos por medio de nuestras buenas obras, así que no tenemos razón para gloriarnos. La única manera de salvarse es por gracia, que es el favor inmerecido de Dios. Si lo mereciéramos, no sería gracia. No somos salvos porque hemos sido buenos, porque hemos hecho cosas buenas, o hemos ganado la salvación de alguna otra manera.

La palabra de Dios (Biblia) nos enseña que no podemos ganar la salvación, Pablo nos dice en su carta a los Romanos 3:20 "ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado, También escribió en su carta a los Gálatas 3:10 "Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo de maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas" Todos estamos justificadamente condenados al castigo eterno, a menos que Dios intervenga por gracia. Eso es precisamente lo que Dios ha hecho.

Dios nos da la salvación por su gracia y la respuesta es la fe,  Pero ni siquiera nuestra fe viene de nosotros. “No es de vosotros” esto quiere decir que no solo es por gracia, también es por fe, tenemos que creer para ser salvos, pero como estamos muertos en pecado no podemos creer. El hombre natural no puede entender las verdades del Espíritu (1 Cor 2:14). Nunca debemos olvidar que el Espíritu Santo es el que nos enseña las cosas de Dios, Dios tiene que dar vida a nuestro seco corazón. Dios tiene que dar vista a nuestros ojos ciegos. Dios tiene que dar entendimiento a nuestras mentes entenebrecidas. Por lo tanto, toda la obra de salvación es un milagro de Dios. Creemos en el evangelio y recibimos al Señor Jesucristo por fe, pero es Dios quien nos da el deseo, la capacidad y el entendimiento para hacer eso. Ninguno de nosotros puede gloriarse acerca de nuestra fe o de nuestra salvación, ya que es todo debido a la gracia de Dios de principio a fin.

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" Efesios 2:8-9

Colaboracion especial:  Pr. Marcelg Jimenez - Iglesia Ancla de Vida Cabudare - Venezuela 

Extraído del libro, “El corazón de la Biblia” por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Adm. Hno. Douglas G. Guanipa


sábado, 25 de marzo de 2023

"La Conciencia de Dios en nuestro interior"

La conciencia se define como aquella parte del espíritu humano que provoca angustia mental y sentimientos de culpa cuando la quebrantamos, y sentimientos de placer y bienestar cuando nuestras acciones, pensamientos y palabras están en conformidad con nuestros valores cristianos. La palabra griega traducida para "conciencia" en todas las referencias del Nuevo Testamento es suneidēsis, que significa "alerta moral" o "conciencia moral", ella reacciona cuando las acciones, pensamientos y palabras de uno se ajustan a, o son contrarios a, una norma de lo que está bien y lo que está mal. La conciencia casi siempre es vista por el mundo moderno como un defecto que les roba a las personas su autoestima. Sin embargo, lejos de ser un defecto o un desorden, la capacidad que tenemos de sentir nuestra propia culpa es un magnífico obsequio divino que Dios diseñó en el marco mismo del alma humana.

La ética cristiana se basa en la práctica del bien y las buenas obras, tal cual lo manda Jesús en su evangelio, por otra parte, el bien está intrínsecamente en nuestros corazones, es decir que de una u otra forma el evangelio de Jesús está en nuestras conciencias, esto quiere decir que el bien y buen obrar están presente de modo íntimamente en la persona misma, “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio”(Romanos 2: 14-16).

Richard Sibbes un escritor puritano en el siglo XVII, escribe que la conciencia, es el alma reflexionando sobre sí misma, es decir, que la conciencia es la esencia que distingue la raza humana. Las personas, a diferencia de los animales, pueden contemplar sus propias acciones y hacer autoevaluaciones morales. Esa es la función propia de la conciencia. Ademas, es una habilidad innata cuya función es discernir lo correcto y lo incorrecto. Todos, incluso los paganos menos espirituales, tienen conciencia: “Cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Esto muestra que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan” (Ro. 2:14-15, énfasis agregado).

La conciencia nos suplica que hagamos lo que creemos que es correcto y nos impide hacer lo que creemos que es incorrecto. La conciencia no se debe equiparar con la voz de Dios o la ley de Dios. Es una facultad humana que juzga nuestras acciones y pensamientos a la luz del más alto nivel que percibimos. Cuando violamos nuestra conciencia, esta nos condena, provocando sentimientos de vergüenza, angustia, arrepentimiento, consternación, ansiedad, desgracia e incluso miedo. Cuando seguimos nuestra buena conciencia, esta nos elogia, trayendo alegría, serenidad, autoestima, bienestar y regocijo

¡A!, pero aun así un Gentil puede ser condenado sin la Ley, ¿Cómo? Porque su consciencia (el cual es la obra de Dios escrita en sus corazones) es suficiente para condenarles – o, teóricamente, suficiente para justificarles.

Muchos autores paganos de los días de Pablo se referían a la “ley no escrita” dentro del hombre, ellos pensaban de la conciencia como algo que nos señalaba el camino correcto aunque no esté incluida en leyes escritas, es de muchas maneras más importante que las leyes escritas.

En teoría, un hombre podría ser justificado (“defendido”) al obedecer su consciencia, desafortunadamente, cada hombre ha violado su consciencia que es la revelación interna de Dios a los hombres, de la manera que cada hombre ha violado la revelación escrita de Dios. Aunque Dios tiene Su obra dentro de cada hombre (resultando en la consciencia), el hombre puede corromper esa obra, así la consciencia varía entre persona y persona pudiendo así ser dañada, y aún ser restaurada luego en Cristo Jesús. Si nuestra conciencia nos está condenando por nuestras actitudes, podemos consolarnos en la idea de que Dios es más grande que nuestro corazón (1 Juan 3:20)

Las personas que nunca han escuchado la palabra de Dios directamente aún tienen un compás moral del cual ellos son responsables “La consciencia”.  Esto significa que Dios ha constituido en todos los hombres, dentro de cada uno de nosotros, una obra que nos hace moralmente consientes. 

“Dios, por lo tanto, va a juzgar a todas las naciones de acuerdo con el uso y abuso que ellos han hecho de esta palabra, ya sea que estuviera escrita en sus corazones, o escrita en tablas de piedra.” (Clarke)

"Orad por nosotros, pues confiamos en que tenemos una buena conciencia, deseando conducirnos honradamente en todo". (Heb 13:18)

Hno. Douglas G. Guanipa